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Lanzarote: la isla de los cuatro elementos

Explorando el archipiélago canario, toca el turno a una isla que conjuga los cuatro elementos en todo su esplendor.

Lanzarote es ese punto en la tierra, donde el cielo se funde, y el mar, sin querer quedar excluido se fusiona con su geometría, invitando al cuarto elemento, que existe latente en sus entrañas: el fuego. 

Como un maravilloso ejemplo de la grandeza natural, la tierra de la isla, de nacimiento volcánico, cuenta ya el laborioso y preciso ritmo  de su nacimiento, con su estriado terreno donde dunas de arena negra se dibujan coquetas ondas con el viento, y montañas de gran dimensión elevan la mirada sin permitir que olvidemos su fuerza interior. Existen también, los beneficios del mar, y se refleja en las Salinas del Janubio, donde se extrae el oro del mismo, pudiendo contemplar desde los alrededores los procedimientos que facilitan que llegue a nuestra mesa.

Es increíble poder contemplar los paisajes que, caprichosos, han creado una composición fantástica.

El Parque Nacional de TImanfaya es un sitio que, además de muy concurrido, recomendamos visitar. Obviamente por ser un punto de interés muy turístico es cierto que cuenta con una cantidad constante de visitas, pero hay que destacar el hecho de la organización para mantener este sitio lo más intacto. Lo que se ve en este sitio por algunos momentos nos hace creer que ha sido forjado en el centro de la Tierra, y no en vano, también se le conoce con el nombre de Montaña de Fuego.

Aquí es posible ver estratos de la tierra, donde pareciera que la lava fluida quedó paralizada formando un oleaje negro que sorprende. Existen demostraciones geotérmicas, en las que con sencillos experimentos nos comprueban, una vez más, lo sabia de la naturaleza que puede, por qué no, darnos beneficios.

Y la flora y fauna que se adaptan a las condiciones del ecosistema, dan como resultado un extenso catálogo de cactáceas con cuyas formas y colores, pueden servir de inspiración para algún diseño. Tal es como se refleja en las creaciones de César Manrique, destacado escultor y propulsor de la sostenibilidad en la isla aprovechando y resaltando las calidades naturales que pueden, en armonía, jugar con arquitectura obteniendo resultados muy contemporáneos. 

La isla en realidad es de fácil recorrido, pues la arteria principal que la recorre es una vía bastante accesible y vialmente efectiva. Sólo que si se desea conocer algunos sitios, como playas, o pueblos un poco más alejados, se tendrá que recurrír a vías secundarias, e incluso caminos de tierra.

En la tierra de esta isla puedes encontrar una paleta cromática ricamente variada, donde abundan el negro, los tonos rojizos y el ocre.

Existen varias playas de arena negra, que son precisamente de los sellos distintivos de la isla, así como las playas de arena clara con aguas turquesas que son la perfecta postal paradisiaca. Tal es el caso de Playa Janubio, o Playa Quemada, que más que playas para nadar son playas para contemplar, en el caso de las primeras, y Playa papagayo, con unas calas pequeñas pero de ensueño, donde el sol está dispuesto a broncear amable cualquier piel, en el caso de las segundas.

En Playa Papagayo, se debe realizar un pago para acceder a la reserva natural donde se encuentra, y también con esto mantener un poco de control sobre esta zona, o por decirlo de alguna manera, contribuir a mantener el equilibrio entre el flujo turístico y el impacto ambiental.

En Playa Papagayo existen dos chiringuitos inmediatos para beber o comer. Los recomendamos ampliamente, pues el ambiente es muy desenfadado y las vistas son increíbles. Eso sí, se debe tener paciencia para que te den sitio, porque aquello parece el juego de las sillas, y parece que el código “fila” y “estamos esperando”, no es respetado por todos con los que puedas coincidir.

La arquitectura de los poblados canarios mantiene una constante que genera una armonía visual y además cumple con su principal funcionalidad: mantener el ambiente fresco. Es fácil de identificar sus muros blancos, siempre  con líneas muy simples, y la presencia de la madera en color azul, verde o al natural. Para coronar el cuadro, un cactus de la zona seguramente es el guardián de la fachada.

La oferta gastronómica de Lanzarote es obviamente de mar y en la zona de Playa Blanca, se encuentra la cofradía, que todos los días faena con los manjares recién traídos del mar. Un buen sitio se encuentra justo frente a la iglesia de Nuestra Señora del Carmen sobre Avenida Papagayo, donde “pescaíto” recién traído se cocina en fogones expertos de la zona, combinando con el mojo picón y rodajas de limón los sabores más auténticos de la isla. En nuestro recorrido coincidimos con la pesca de un calamar subsahariano que es poco frecuente, y realmente es delicioso. 

Recorrer el paseo marítimo de Playa Blanca, permite elegir entre una considerable cantidad de sitios para tomar algo contemplando el mar, o bien, elegir algún banco para tener una charla con las olas. Aquí es donde pueden encontrarse monumentos a la esencia canaria, como lo es la lucha canaria, en el que dos figuras con gestos esmerados, intentan atrapar en el duro material el dinamismo del deporte, y al monumento al anónimo, en el que se agradece a todos aquellos anónimos que pusieron en pie el puerto, la isla y el gentilicio. 

Y nada mejor que una siesta con canto de mar, mientras el sol nos acaricia en alguna playa. Sólo para aquellos que se atrevan con un baño, comentarles que el agua mantiene una temperatura fresca y advertirles también sobre la presencia de medusas. 

Así, nuevamente podréis comprobar la fusión de los cuatro elementos en total armonía. El aire, el agua, el fuego y la tierra. ¡Lánzate!

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